martes, 16 de enero de 2018

El dolor de la lucidez.

¿Recuerdas, mi amor, cuándo descubrimos que estábamos hechas la una para la otra?

¿Cuándo empezamos a contarnos nuestra vida
sabiendo que lo que vendría, de nosotras en adelante,
era la historia que nos explicaba, que nacíamos para salvarnos
de la realidad que nos desolaba y desola?

¿Recuerdas cuándo dejamos de creer en el destino
y empezamos a creer en el futuro?

¿Cuándo me pediste que saliera contigo y fuiste tú 
la que te quedaste conmigo?

¿Cuándo nos mudamos de piel y nunca más 
volvimos a ser las mismas?

¿Cuándo nadie nos había hecho sentir que éramos únicas,
ni nos había alentado besándonos
ni se había bañado en nuestra tristeza
ni se había bebido nuestras lágrimas?

¿Cuándo nadie había descifrado nuestro cuerpo
ni nos había acariciado el alma
ni nos había admirado todos los defectos?

¿Cuándo nadie nos había llevado de viaje al espacio
ni nos había abrazado la ingravidez
ni nos había consolado en silencio?

¿Cuándo nadie había bajado al abismo a buscarnos
ni se había vuelto loca para entendernos
ni nos había curado sin hacernos daño?

¿Cuándo nadie nos había esperado en la meta
de una carrera que no habíamos comenzado,
ni nos había hecho posibles,
ni había conseguido vencer nuestros miedos?

¿Recuerdas cuándo nadie se había aprendido nuestra forma de ser
ni se había quedado sin estar
ni había estado para recordarnos lo que somos
cuando se nos había olvidado?

¿Cuándo nadie se había desnudado para abrigarnos,
ni nos había vestido de flores
ni nos había enseñado a ser humanas?

¿Cuándo nadie nos había hecho cambiar alabándonos
ni nos había alabado el cambio
ni nos había querido en libertad?

¿Cuándo nadie había antepuesto nuestra felicidad a la suya
aparte de nuestra madre,
ni nos había ayudado a encontrarnos
ni nos había encontrado?


                                                           *
                                                           *
                                                           *



Si lo haces, mi amor, si todavía recuerdas por qué me enamoré de ti
ahora, que hemos preferido dejar de mentirnos para hacernos felices
                                                      y hacernos daño para seguir siendo verdad,
ahora, que la realidad nos duele porque hemos roto la ficción de bastarnos,
sabrás por qué siempre comprenderé que te vayas y,
sobre todo,
                                   por qué te sigo amando.