viernes, 18 de mayo de 2018

Punto muerto.

Un dolor recorre tranquilo, casi inerte, 
la continuidad del silencio 
que remite tu existencia a otro tiempo.

He aprendido a base de vivir sin ti contra mí, 
me explico: me siento tan cerca de la muerte
que puede acariciarme
y yo me dejo, 
como el paraguas abandonado en el metro, 
que me sacuda el destino a la intemperie 
que trace mi vida la tormenta de recordarte
acariciándome
mientras yo me dejo, 
como el diario secuestrado en un cajón,
que me escribas lo que sientes.

Irreversible el pasado irrecuperable
presenta tu ser inexistente, 
tu sonrisa de piedra, tu mirada petrificada, 
tu gesto de cera, tu primavera in-
mortalizada en ciernes. 

Y el futuro que ya está aquí siempre vuelve,
entonces pienso: debería haberme escapado
cuando no tuve oportunidad de quedarme, 
pero elegí permanecerte 
y hoy tu ausencia me tortura recordándote
sin presente.

Quisiera, de veras quisiera, quererte 
como te he querido, romperte las cadenas,
entrar en tu sonrisa, bañarte los ojos, 
derretir tu gesto, anticiparte el verano, digo,
verte ahora, olerte a crisantemos, 
sentir tu risa percutida, recogerte el otoño, 
quitarte el frío, volver a conocerte.

Si tan solo pudiera imaginarte, lo mismo
desterrar tu recuerdo, acaso exiliarme en el futuro,
si pudiera, sin duda, si pudiera
merecería la pena la vida; y, sin embargo -porque
no estás ni serás-, tiene sentido la muerte.

III.

El amor verdadero es el amor libre:
sin libertad, no hay sinceridad
sin sinceridad, no hay verdad
sin verdad, el amor es solo una ilusión.