martes, 22 de abril de 2014

Otra noche sin ti.

Dan las seis, 
sintonizo a Los Stones.

Hace tanto que no digo lo que
quiero decir, que se me ha olvidado.

Y aquí estoy:
conteniéndome las ganas de llorar toda la
noche en vez de un orgasmo
y las de hacerlo después al volver
a este lado.

Ojalá todo fuera tan fácil como quitarte la ropa
y supiera aguantarme; pero
ya
estoy
llorando.

Por algo que se me escapa o por mí,
nadie está cuando me necesito
y



en
el
fondo,
no me entiendo como en tu boca.

Me pasa por no irme a dormir,
pero no tengo sueño.
                         
Suerte es que nunca sea tarde.


5 comentarios:

  1. idem en lo que ha sentimientos se refiere.

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  2. Nunca te lo agradecí (y si lo hice no debió ser suficiente), y no he encontrado otro medio o lugar en el que hacerlo: Gracias por hacerme saber de Joe Purdy. Y gracias, también (ya que estoy), por empujarme a prestar una mayor atención a la ortografía, a pesar de vivir yo aún muy lejos de cualquier tipo de excelencia en ese aspecto de la lingüística. Más de mil noches después ambos elementos me son de gran utilidad.

    Un casi nostálgico saludo, excelentísima señora de La F.

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    1. Dichosos los ojos que te leen, Pablo. Siempre me agradeciste sin deuda a Joe Purdy y mi, a veces, insufrible obsesión y consiguiente actitud para con la buena gramática y ortografía. Más de mil noches después de aquéllas que nos dimos por Twitter, me sigo acordando de ti como el cineasta rockero de pelo largo y final abierto que tuve el enorme placer de conocer, y me pregunto cómo te irá allí donde quiera que brille una última luz.
      Un, sin duda, nostálgico saludo, querido Pablo Urcelay.

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  3. Y qué viejos éramos entonces.
    Me honra que me adivines, a pesar de no esperar menos de ti. (Tampoco vamos a enredar la honorabilidad con la sorpresa). Y me alegra que el husmear un día de lluvia (será que un título de Joe me ha llevado aquí de nuevo), me regale una respuesta tan cordial y tan en tu línea; esa que tiende a ser gratificante si se camina en ella con cuidado. Por lo que, qué alegría. Lo bueno de un final abierto, como bien ya sabes, es que imposibilita la negación total de un nuevo comienzo; o de una súbita prolongación, si se prefiere. Por lo que más que preguntarme, confío en que te esté yendo del modo más adecuado, con la certeza irracional de que algún día medio torpe, de esos que ya a penas se dan en nuestra monótona Madrid, nos crucemos por ahí y tenga el gusto entonces de un instante o de un saludo. Un sarao vodka sería desear demasiado. Pero, eh; Aunque ya no beba, me apunto ese deseo. No vaya a ser que se cumpla.

    Un saludo satisfecho, excelentísima.

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