miércoles, 10 de febrero de 2016

Por eso.

Hay cosas que, con el tiempo, dejas de saber hacer
sin llorar
porque duele el deterioro,
el desamparo, la invalidez
el invierno, la pérdida
la luz
y supongo que, por eso, la gente mayor
lo hace tanto.

Recordar es la más evidente:
duele lo que fue pese a que fuera maravilloso
o acaso duela más precisamente
por eso:
porque a la felicidad no hay camino de vuelta.
Cualquier día de estos
te digo:

Frena, que en ésta nos matamos,

y salimos en los periódicos
muertas de risa.
                                                                             
Duele el tiempo porque se presenta
sin avisar,
se queda a dormir y no hay rastro de él
a la mañana siguiente,
ni portazo ni nota de despedida ni último polvo.

Dueles tú porque aquella tarde de octubre
estabas preciosa, me besaste y me dijiste
que me querías,
porque me haces soñar, reír y el amor.

Mi vida, por eso sé que antes de morirme
te veré pasar -una vez más- como una película
delante de mí
y lloraré cuando te termines;

porque,
                                                                                                                                           al final,
siempre
acabas mereciendo la pena y
yo, echándote de menos en todas partes.