lunes, 21 de marzo de 2016

Tienes que saber.


Odio tu puta manera de empezar por el final:
¿qué clase de persona te invade y luego te declara la guerra?

No necesitaba que me salvaras hasta que me hundiste.

Sigo esperando que me pidas perdón 
por el mero placer de que me necesites
porque no te perdono el desahucio a pesar del refugio

ni que me dejaras llorar mi propia muerte
completamente sola y
me obligaras a llevarme flores

al margen
                 de la vida que me diste     
                                                               
ni te perdono que me hicieras el amor sin tocarme
ni que te rieras en mis sueños
ni todo el daño sin quererme.
Pero te olvido, sinceramente.

No te di permiso para que me enamoraras.

El día que me presentaste a mí misma me caíste tan mal
que todavía sigo vomitando mariposas.

Nunca creí que pudiera ser tan feliz hasta que alguien creyó en mí
y no sabes 
cuánto me alegro
de que no fueras tú

porque la religión es un lastre.

Te he imaginado con Dorian sonando de fondo, 
pero, aun así, contigo
no iría a ninguna parte.


Eres la droga que más me ha costado dejar 
aunque nunca te haya tenido. 

La libertad de tu pelo no te hace más libre.

Te deseo lo mismo que sentí al leerte:

vaya, que te follen.


                                                
                                                  Pero ojalá alguien te abrace.



     
                                


No hay comentarios:

Publicar un comentario