miércoles, 1 de noviembre de 2017

Volver.

Te presentas como el frío sin aviso de embargo.
No te había pedido, pero llegas a tiempo para el café,
se baja aquí.

Desde que te fuiste, esta casa está llena de trenes
con destino a ninguna parte:
todo lo que llega lo hace para quedarse
todo lo que se va lo hace para volver.

Verás que de pronto hay más luz:
he aceptado la muerte
y la vida ha dejado de complicarme.
Vivo sin sorpresas, pero estoy en paz y,
sorprendentemente, no echo de menos tu república.

He quitado las cortinas, cansada de que no me viera
la realidad y, aunque tampoco ha logrado cambiarme,
por lo menos, ahora le estoy mirando de frente al dolor.

He descolgado los cuadros que pintaste tú
y me he colgado yo; ya no viajo, pero sonrío cuando
me encuentro por el pasillo y descubro que sigo viva.

He roto todos los espejos para poder construirme sin
ti y creo que lo he conseguido porque esta mañana
no me ha parecido escuchar tu risa en la cocina.

Me he deshecho de la mayor parte de los muebles
porque me faltaba espacio para poder gritar en silencio
y fumar por la noche se ha convertido en un puto
fenómeno astronómico en el que pas(e)o yo.

He llevado a que limpien la televisión y, en su lugar,
he puesto un florero, las margaritas no mienten
si no se las tortura:
la pública te compra con tu dinero,
la privada te vende satisfacción;
en cualquier caso, se llaman cadenas porque
no te dejan ser libre, el periodismo está pidiendo
limosna en internet.

He pintado las paredes procurando no tapar las grietas:
la felicidad se demuestra con cicatrices que fueron heri-
das que ya no duelen y pueden contar sin desangrarse
su historia.
Lo que no te mata, te convierte en superviviente y
estos muros ya no lamentan haber sobrevivido a dos
guerras mundiales.

No voy a engañarte, no te esperaba.
Encantada, no soy la misma persona.
Puedes quedarte para siempre hasta que decidas
irte y acabes volviendo
a una casa que, como yo, ya no es tuya.

Te devuelvo el tiempo que me dejaste sola,
pero en pleno mayo.


miércoles, 25 de octubre de 2017

Golpe de Estado.


Yo, que he sido

la primera nota de una canción de despedida,

la segunda oportunidad que merece la pena
de haberte quedado sin nada,

la tercera ocasión que sale mal,
la cuarta que lo sigue intentando, por si a
la quinta, le toca la lotería y entra, por fin, en calor,

el sexto sentido, pero muerta,

la séptima vida tirándose desde
una octava más alta,

la novena entrada que se revende y, al final, la tiran,

la décima de segundo que dura el semáforo en ámbar,

la vigésima sexta planta que baila con un tornado,

la trigésima novena vez que te lo explican y no lo entiendes
(porque la razón vive en un bajo sin luz),

el cuarto centenario que te pido perdón,

el penúltimo aviso de entrega,

el último paso del baile de tu fiesta de bienvenida;

me estoy acostando con el caos,

me he saltado la lista de esperar a que la vida me coloque
en un lugar que no es el mío
porque la justicia no existe,

he llegado a la meta y no había nadie esperando que llegara,

te he dado las gracias por quererme antes de pedirte
por favor que no me quieras,

he perdido la cuenta que nos trae y me he dejado llevar
por las horas de un reloj parado,

me estoy meciendo en un acantilado,

he llorado más por tenerte que por perderte:
estoy ensayando tu pérdida por si algún día
vuelves,

sonrío al salir de las fotos,

miento para que me crean
quienes no me han demostrado nada:
la fe siempre ha estado en mi contra,
la verdad es un negocio echando el cierre,

te quiero más por lo que espero que
por lo que callas cuando apareces,

he olvidado tu voz, pero te sigo escuchando,

estoy buscando el futuro en un disco duro,

he soplado las velas y he pedido que se enciendan,

no sé qué decirte, pero no puedo dejar de hablarte:

si no me hubiera colado, todavía seguiría entera,

pero

volvería a besarte con los ojos cerrados.



martes, 12 de septiembre de 2017

Derecho a una muerte digna.

Quiero ser el verso expulsado
por tu boca, de tu estado de poesía
que sale desterrado, que le susurra al 
            a       i          r            e
y se acomoda en el silencio, donde
amanece y atardece tu voz en la que
vive la luz.

miércoles, 19 de abril de 2017

Sin saber queriendo.

Te quise antes de conocerte porque apareciste
justo cuando me estaba buscando y fue más
útil imaginarte que recordarme.

Me apropié de ti y te destiné (sin saberlo)
a un lugar al que sólo yo sabía volver, para
poder escaparme
de la realidad de una llamada colgada por el cuello
del mar de las mentiras en calma                 
de la decadencia retransmitida en directo    
de la levedad de la rutina en silencio           
del mal trago del orgullo que nunca es el último
de la delincuencia de la verdad fugitiva        
de las noches en vela y las mañanas a oscuras,
que,                                                              al final,
resultó ser sólo mi memoria.

No dirías que tampoco pasa nada por olvidar
si te hubieras despertado un día con el miedo de perderte
y eso que febrero no tenía tu sonrisa enredada en mi pelo
ni tus manos improvisando mi cintura
ni mis ganas de ti bañándose en bragas en tus ojos
ni tu recuerdo rompiéndose en la voz con la que te
confesé que nos había matado y te pedí ayuda para
deshacerme de lo nuestro (que no sé si lo fue)

ni marzo había decidido tatuarse las coordenadas
del punto donde planeamos
A
H
O
G
A
R
N
O
S                                                                                      flote
de pena sabiendo que, tarde o temprano, saldríamos a          ,
condenándonos sin juicio a la deriva,
eligiendo deliberadamente el naufragio

ni abril se había sentido tan profundamente vacío
haciendo el amor en un rascacielos.

ni mi nombre nunca había sido tan largo.

Lo que pasa por olvidar, no vuelve
pero te juro que sigo buscándome.








jueves, 9 de marzo de 2017

Por qué acabo en ti.

Hay un camino insustituible de mi mano
a tu rostro
una caricia profunda y clara
una sonrisa de súplica
una mirada de socorro, te quiero tanto que
te empuja a salir de casa en plena tormenta
a auxiliarme, besándome
para que no me ahogue en llanto
no sé si
de reminiscencia o de necesidad,
pero poco me importa cuando
ya has alcanzado mi boca:
entonces,
un intervalo a mar abierto
un deseo de permanencia
una lucha a vida
un temor de perderte
son suficientes para comprender
por qué siempre acabo en ti.

martes, 7 de febrero de 2017

Amanece, que eres tú.


Cómo no voy a buscarte en mis horas
más oscuras, si eres la luz del final feliz
del túnel en que se convierte mi vida en tu ausencia,
la excepción que me hace la regla que confirma
que el resto sólo sabe negar la evidencia de
que te necesita, el día que te salva la vida
después de haber muerto, la noticia de última hora
que abre siempre el telediario, la palabra maestra
que cierra el silencio, la única que puede imaginarse
que estoy hablando de ella en primera persona
de otra
                           (por algo dijo Bécquer que poesía eres tú).

Ahora que te escribo, que vengo de mi orgullo
a admitirte el amor que no puedo hacerte, creo que
te conozco mejor que al principio, incluso sería capaz
de reconocerte en un campo de flores; y sin embargo,
dudo que vinieras a mi entierro porque nunca te han
gustado las fiestas que acaban a la mañana siguiente
como si no hubiera pasado absolutamente nada:
¿Dónde está el dolor cuando necesitamos saber si
seguimos vivos? La indolencia es una enfermedad
que duele cuando te has curado.

Aun así te deseo y que te llenen este vacío que siento;
pues es lo único que tengo a esta noche para dejarte en
herencia. Menos mal que a las seis de la mañana vas
a salvarme la vida. No lo sabes, pero hemos quedado,
como de costumbre,
                                                                           al final del

T                    Ú                  N                     E                   L.