miércoles, 19 de abril de 2017

Sin saber queriendo.

Te quise antes de conocerte porque apareciste justo cuando me estaba buscando y fue más útil imaginarte
que recordarme.

Me apropié de ti y te destiné (sin saberlo)
a un lugar al que sólo yo sabía volver
para poder escaparme
de la realidad de una llamada colgada por el cuello
del mar de las mentiras en calma
de la decadencia retransmitida en directo
de la levedad de la rutina en silencio
del mal trago del orgullo que nunca es el último
de la delincuencia de la verdad fugitiva
de las noches en vela y las mañanas a oscuras,
que,
al final,
resultó ser sólo mi memoria.

No dirías que tampoco pasa nada por olvidar
si te hubieras despertado un día con el miedo de perderte
y eso que febrero no tenía tu sonrisa enredada en mi pelo
ni tus manos improvisando mi cintura
ni mis ganas de ti bañándose en bragas en tus ojos
ni tu recuerdo rompiéndose en la voz rota con la que te confesé
que nos había matado y te pedí ayuda para deshacerme de lo nuestro (que no sé si lo fue)

ni marzo había decidido tatuarse las coordenadas del punto donde planeamos
ahogarnos de pena
sabiendo que,
tarde o temprano, saldríamos a flote,
condenándonos sin juicio a la deriva,
eligiendo deliberadamente el naufragio

ni abril se había sentido tan profundamente vacío haciendo el amor en un rascacielos


ni mi nombre
nunca
había sido tan largo.


Lo que pasa por olvidar, no vuelve
pero te juro que sigo buscándome.








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